Revista Peruana de Derecho Internacional
Tomo LXXI Setiembre-Diciembre 2021 N° 169, pp. 153-157. ISSN: 2663-0222
Recepción: 30/09/2021 Aceptación: 07/11/2021
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La iniciativa de sistematizar en un instrumento los elementos conceptuales y prácticos
que requerían los Estados, para conducirse en defensa de la democracia frente a una
alteración o ruptura del orden institucional, fue planteada por el Perú como resultado, en
buena cuenta, de su propia experiencia histórica. Como todos recordamos, a los peruanos
nos cupo, bajo el liderazgo del Presidente Valentín Paniagua, la tarea de desmontar y
superar las secuelas de un periodo de autoritarismo, para restaurar las libertades, las
instituciones y los procedimientos propios de la democracia.
Para llevar a buen puerto esta propuesta, tuvo que ponerse en marcha lo mejor de la
tradición, la laboriosidad y, por qué no decirlo, el talento de la diplomacia peruana, al
mando del entonces Canciller, embajador Javier Pérez de Cuellar, quien ejercía
igualmente la Presidencia del Consejo de Ministros. El acertado liderazgo ejercido por el
Perú, en la persona del Embajador Manuel Rodríguez Cuadros, quien ideó la iniciativa y
condujo las negociaciones que llevaron a la adopción por unanimidad de la Carta por
parte de todos los Estados miembros de la OEA, ha sido ampliamente reconocido y
constituye un sobresaliente episodio de la historia diplomática de nuestro país.
En ese derrotero de la ontología bicentenaria de esta Cancillería, institución que afirma el
carácter soberano e independiente de nuestro Estado republicano, la Carta Democrática
nos remonta también a ese episodio auroral que fue la convocatoria desde Lima, el 7 de
diciembre de 1824, del Congreso Anfictiónico de Panamá, horas antes que en la Pampa
de la Quinua se sellara la independencia del Perú, cuna de la civilización andina y otrora
centro del poder colonial en la América del Sur. Nos retrotrae, pues nos entronca con el
espíritu que animó aquel Congreso, que décadas después tomó forma en la Unión
Panamericana y finalmente en la Organización de los Estados Americanos (OEA), cuya
Asamblea General adoptó en sesión extraordinaria, hace dos décadas, en esta misma
capital, el instrumento que hoy nos convoca y nos motiva.
Por ello, resulta especialmente grato tener la oportunidad de aproximarnos a este pasaje
de manera más profunda y directa, a través del testimonio privilegiado y el análisis de
uno de sus protagonistas, en un concierto de calificados actores, como los representantes
de los llamados países amigos de la Carta, cuarteto que integró el Embajador Raúl