Revista Peruana de Derecho Internacional
Tomo LXXIII Mayo-Agosto2022, pp.195-198. ISSN: 2663-0222
Recepción: 16/07/2022 Aceptación: 20/07/022
Este año recordamos también los 200 años de relaciones político-diplomáticas
entre nuestros países. El destino ha querido que una de las fechas emblemáticas de este
bicentenario coincida con aquella en que, 57 años después, se libró el combate naval de
Angamos.
La guerra representó entonces la ruptura de un proceso que, hasta entonces, había
estado marcado por dinámicas de franca y abierta amistad y cooperación, a pesar de las
tensiones derivadas de intereses en conflicto, tanto dentro de nuestros países, como entre
nuestros estados y en la región. Por ello, sin ignorar el impacto dramático que tuvo la
Guerra del Pacífico en nuestras historias nacionales, y en nuestra historia común, es
siempre reduccionista y contrario a la ciencia de la historia y al sentido común, pensar
nuestras relaciones exclusivamente desde el prisma de 1879.
Esto tal vez se explica porque el complejo legado que nos dejó la guerra dominó
nuestras relaciones bilaterales durante más de un siglo. No obstante, este reto delicado y
desafiante supo ser administrado por nuestras diplomacias, las que, en su momento,
resolvieron en beneficio de ambos pueblos numerosas encrucijadas.
En ese espíritu constructivo, esta ceremonia evoca, ante todo, al Coronel Francisco
Bolognesi, máximo héroe militar del Perú. Como ustedes conocen, en la casa que lleva
su nombre en Arica todos los años, el 5 de junio, el Cónsul General congrega a las
autoridades de Tacna y a los peruanos residentes para conmemorar “El día de Respuesta”
y recordar la gesta heroica del 7 de junio. La ceremonia tiene lugar en el mismo ambiente
en el que el Mayor José de la Cruz Salvo pidió la rendición de la plaza al Coronel
Bolognesi, quien respondió con la frase que lo hizo inmortal.
Una calle del centro histórico de Arica lleva el nombre del héroe peruano, porque
su sacrificio dota a la ciudad de la profunda significación que todos le reconocemos. Arica
es una ciudad épica, cuya historia nos llena de orgullo. El 7 de junio, que los ariqueños
celebran todos los años adquiere pleno sentido porque existió un 5 de junio, que los
peruanos conmemoramos con devoción, en memoria del viejo Coronel.