Revista Peruana de Derecho Internacional
Tomo LXXI Mayo-Agosto 2021 N° 168, pp. 113-132. ISSN: 2663-0222
Recepción: 30/05/2021 Aceptación: 07/07/2021
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antiisraelí (Pardo y Emergui, 12 de octubre de 2017); se retiró del acuerdo con Irán y
otras cinco potencias a efectos de tener libertad de imponer una serie de sanciones al
Estado persa y detener su hegemonía en el golfo Pérsico, favoreciendo la posición de
Arabia Saudita (Malley, 9 de enero de 2018); anunció el retiro del Protocolo Facultativo
Relativo a la Jurisdicción Obligatoria de la convención de Viena sobre Relaciones
Diplomáticas, así como del Tratado de Amonio entre EE.UU. e Irán de 1955 y de la
Unión Postal Universal (Arsalan, 2019, pp. 646-647); entre otras acciones; amén de
reducir sus contribuciones a estos organismos.
Por otro lado, la política exterior de Trump se caracterizó por mostrar un bajo
compromiso con la cooperación internacional. Efectivamente, el presidente Trump no
comprendió que la cooperación es un instrumento de solidaridad que permite a una
potencia como EE.UU. expandir su soft power en el mundo; por el contrario,
consideraba que ella implicaba un gasto innecesario para los contribuyentes
estadounidenses por lo que recortó su contribución a los diversos programas de
educación, salud, promoción de la paz, etc., manejados por diversos organismos
internacionales.
El poco apego de Trump por la cooperación internacional respondía a su visión de los
países en desarrollo. Él entendía que si un país era responsable en el manejo de su
política económica podía unirse a la comunidad de naciones, sin embargo, si la
situación era distinta el Estado tenía que velar por sí mismo, sin esperar la ayuda del
resto de países de la comunidad internacional. En otras palabras, cada país debía
resolver sus propios problemas y no acudir a EE.UU. para su solución (Nau, 2021).
Así, por ejemplo, recortó drásticamente la ayuda externa hacia América Latina que se
canaliza a través de USAID; redujo el financiamiento para la Agenda Mujeres, Paz y
Seguridad de las Naciones Unidas, como para la Agenda 2030; también redujo su
participación en el Fondo de Población de la ONU, en el financiamiento de ayuda
alimentaria, de los programas de salud global, así como de los programas de prevención
y atención del VIH/SIDA, entre muchos otros (Meyer, 9 de mayo de 2018; Montilla, 17
de enero de 2018; Cahill, Geffen y Wang, 2018).
Finalmente, respecto de los valores que tradicionalmente han sido impulsados por la
política exterior estadounidense, también se produjo un retroceso. Así, en el caso de los
derechos humanos, Trump tomó la decisión de retirar a EE.UU. del Consejo de
Derechos Humanos de la ONU, suspendió el financiamiento estadounidense de la
Agencia de Naciones Unidas para la población refugiada de Palestina en Oriente
Próximo – UNRWA, impulsó tres vetos migratorios contra ciudadanos de siete países
de mayoría musulmana, ordenó el retiro del Pacto Mundial sobre Migración de la ONU,
amén de una serie de normas internas nada favorables para los derechos de los
migrantes en territorio estadounidense, etc. (Arsalan, 2019, p. 647; El Comercio
Redacción, 1 de setiembre de 2018; Nuruzzaman, 2017).
En cuanto a la promoción de la democracia, el régimen de Trump llevó adelante una
defensa selectiva de la misma, adoptando discursos y acciones más enérgicas en los
casos de Venezuela, Cuba y Nicaragua, siendo mucho más complaciente con otras
situaciones como la ocurrida en Honduras, donde el presidente Juan Orlando Hernández