Revista Peruana de Derecho Internacional
Tomo LXX Setiembre-Diciembre 2020 N° 166, pp. 47-78. ISSN: 2663-0222
Recepción: 30/09/2020 Aceptación: 07/11/2020
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gubernamental en la atención de la pandemia limitando el tránsito interno y el cierre o
apertura de fronteras según los requerimientos de las políticas de salubridad. Y la
población que es el elemento sustancial que el Estado protege y norma, ha mostrado, en
general (con algunas excepciones), subordinación adecuada a la autoridad redoblando su
legitimidad en el ejercicio de su deber de proteger a la ciudadanía. Y en los casos donde
ha habido explícita protesta ciudadana, esta se ha manifestado, pero sin desconocer al
gobierno al tiempo que se afirmaban los derechos ciudadanos que el Estado protege. Y,
en el caso del Perú, la buena relación con otros Estados se ha demostrado en
coordinaciones, quizás escasas y no muy publicitadas, y en más visible recepción de
asistencia (equipamiento ad hoc, p.e.).
De otro lado, debe recordarse que la función estatal de protección de la población forma
parte de la discusión de los seis principios del realismo clásico. En efecto, Morgenthau
reconoce, además del interés nacional definido en términos de poder como preocupación
central, la existencia de ciertas dimensiones morales en la conducta estatal pero siempre
vinculada al interés nacional y al origen del Estado en términos de obligación o mandato.
Así, asegurar la supervivencia de la población debe entenderse, en el realismo, en estrecha
relación con la supervivencia de Estado (una obligación política vinculada a la moral pero
distinta a la moral del individuo). Esta disquisición forma parte del tercer y cuarto
principio del realismo político (Morgenthau, Política de las Naciones).
Por lo demás, esa obligación puede remontarse a la idea del contrato social en que los
hombres libres, en estado de naturaleza, cedieron soberanía a una entidad superior a
cambio de protección en un mundo anárquico (Hobbes como fuente del realismo). A pesar
de ciertas derivaciones, como la razón de Estado, la preeminencia de esa protección
“contratada” está en el origen doctrinario de la formación del Estado y hoy, en plena
pandemia, es motivo de propuestas integrales (e inasibles) de reorganización del sistema
y/o sus políticas (como ocurre en eventos patrocinados por la CAF y el Diálogo
Interamericano).
Es esta preeminencia, enunciada por filósofos clásicos y cientistas políticos ligados al
realismo clásico de la postguerra (y resaltada en otros enfoques como el liberalismo), la
que observamos hoy como primera prioridad del Estado en la atención de la pandemia
con mayor o menor éxito en la gran mayoría de países.
En casi todos los casos, este planteamiento se ha desdoblado, bajo las circunstancias, en
dos escenarios: el de la atención a la grave problemática de salud de la ciudadanía y el de
evitar que el mercado colapsara. En términos generales se puede afirmar que ambas
preocupaciones están siendo atendidas aunque con menores capacidades que las que el
desafío requería en todos los ámbitos.
Y lo han sido al punto de que el nacionalismo reemergente en una serie de gobiernos y
sociedades ha avanzado más allá de los niveles que veníamos atestiguando o padeciendo
como fenómeno de nuestra época. Ello ha agudizado conflictos internos y externos de
carácter estructural y dinámico.
Entre los primeros sobresale la polarización política en ciertos países (Estados Unidos,
p.e.) y la desigualdad (en casi todos los países). Entre los segundos, es muy visible la