Revista Peruana de Derecho Internacional
Tomo LXXI Mayo-Agosto 2021 N° 168, pp. 17-38. ISSN: 2663-0222
Recepción: 30/05/2021 Aceptación: 07/07/2021
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circulan a sabiendas de su falsedad y que no tienen límite para la escogencia de los temas.
Apreciamos que este tipo de noticia no versa exclusivamente sobre temas de salud, sino
que inciden también en otros campos de la actividad humana, socavan y ponen en riesgo
a los sistemas democráticos en el mundo. La población vive bajo una permanente
sensación de desorientación y, por fenómenos propios de la psicología colectiva o social,
comienza a reaccionar de variadas maneras. En el Perú han aparecido condenables
expresiones de xenofobia contra la reciente migración proveniente de Venezuela. Estas
situaciones se agravan por el hecho de que hoy, principalmente en los medios urbanos,
las noticias se expanden, a gran velocidad, a través de las redes sociales.
Por el carácter falso de esas fuentes, se viola el derecho humano a gozar de acceso
a una información cierta y equilibrada y, como todos los derechos humanos son
indivisibles y están estrechamente vinculados entre sí, estamos frente a nuevas formas de
violaciones masivas a esos derechos cuya responsabilidad no recae, necesariamente, solo
en los Estados sino en empresas e instituciones privadas e incluso en grupos y personas
naturales.
Por otra parte, la incidencia de las redes sociales es cada día más grande y están
desplazando a los medios tradicionales de comunicación en los cuales el índice de
noticias falsas es casi nulo, pero el tono orientador o mejor dicho, desorientador, que
muchas veces tienen –desde el punto de vista económico o político- desvirtúa en muchos
casos, como es natural, la realidad de los hechos.
El enunciar que toda persona tiene derecho a acceder a una información exacta y
adecuada, no es suficiente si no se complementa –salvo casos especiales- con el derecho
a que la información no sea incompleta o cercenada. En este contexto se debe establecer
sanciones a quienes conscientemente, difundan noticias falsas.
Las crisis políticas, como consecuencia, principalmente, de falta de ética son, tal
vez, el mayor problema que impide el ejercicio de todos los derechos humanos
clasificados como derechos síntesis, entre los cuales figuran el derecho al desarrollo, el
derecho a disfrutar de un medio ambiente ecológicamente sano y equilibrado y el derecho
a la paz, cuyo núcleo, en el tema que estamos abordando, son los derechos a la vida, a
la salud, a la educación, a la vivienda, a la alimentación y al vestido adecuados, por no
citar sino algunos de los derechos humanos económicos, sociales y culturales. Pero, ahí
no acaba la lista pues otros derechos, como la libre circulación, el elegir y ser elegidos,
que integran la lista de los derechos humanos de carácter civil y político, se pueden ver
notoriamente afectados.
Lo afirmado nos lleva a preguntarnos ¿Cómo se hace para colocar el fiel de la
balanza en el punto exacto y que –luego- se mantenga inmóvil? Al entrar multitud de
factores lo que importará a los Estados es conseguir el mayor beneficio para él. En este
complejo panorama, el ganador será el que mejor negocie pero un buen negociador, por
más hábil que sea, tendrá que reconocer, como ya lo esbocé, el poderío generado por la
fuerza.